Nuestra desmesurada afición al reclamo abarca innumerables facetas, todas ellas altamente atrayentes para el apasionado jaulero, que llevado por su celo permanente le lleva a saborear y disfrutar de cada una de ellas a lo largo del año.
Es por esta época cuando, en nuestras visitas periódicas al campo, nos sorprende el bandillo de perdigones recién nacidos y las estratagemas de despiste que sigue la perdiz para intentar convencernos que está malherida, para así llamar nuestra atención y pueda poner a salvo a su desvalida tropa.
Dentro del amplio repertorio sonoro que dispone la perdiz, existe un sonido que siempre ha sido motivo de los más amplios debates en el mundo cuquillero encontrándose en las sabrosas tertulias perdigoneras diversidad de opiniones, casi todas argumentadas y extraídas de la propia experiencia y en otros casos nacen derivadas por lo trasmitido por familiares o amigos…… me refiero, como no, al maullido.
¿Por qué el reclamo maúlla? ¿Qué sentido o finalidad persigue cuando lo oímos suspirar? ¿Es positivo ese estado que mantienen?
Existen varias clases de maullidos, o suspiros, en nuestros reclamos y este aspecto dependerá del estado de celo que mantenga, de la propia naturaleza de cada reclamo, de la fecha del año en que lo emitan, de la frecuencia con la que lo utilizan, del calor o estado de celo que adquieran…. y otros muchos detalles que es preciso señalar.
Existe el maullido propio de aquellos reclamos que tienen por costumbre desahogarse de esta forma y lo emiten durante todo el año, y así maúllan de vez en cuando dentro del terrero, bien después de acicalar sus plumas, o después de darse un bañito de tierra. En estos casos estos suspiros no indican ningún estado de celo, ni calor, ni excitación, ni irritabilidad…. simplemente estamos ante un suspiro de complacencia, trasmitiendo de esta forma el encontrase a gusto en el lugar donde lo tenemos ubicado.
La vida de la perdiz atraviesa una etapa en la que se suceden los enfrentamientos guerreros entre los machos, dentro del seno de un bando, para la elección de la hembra por la que suspiran y así cerrar su ciclo biológico natural.
Durante las distintas fases madurativas de los pollos ya se ha ido cimentando una jerarquía donde los más valientes y agresivos miembros del bando ocupan los puestos de mando, que suele estar encabezado por el padre, seguido muy de cerca por los pollos más valerosos.
EL” RECORTE” DE LOS RECLAMOS: UN “RITUAL” QUE SE REPITE CADA AÑO.
Llegado el mes de octubre y hasta principios de diciembre, según las zonas, los aficionados a la caza de la perdiz con reclamo efectúan el “ritual” de “recortar” a sus reclamos y pasarlos a las jaulas de caza, donde completaran el proceso del celo”.
La finalidad de “recortar” nuestros reclamos, no es otra, que se encuentren “cómodos”, en la jaula donde se encuentran alojados con forma “cónica”, y de reducidas dimensiones, evitando así que con el continuo rozamiento de las plumas de las alas y cola en la jaula de caza, se produzca la “rotura” de las mismas, o lo que es peor, de las alas, al introducir las plumas remeras entre los alambres de la jaula.
El ritual consiste en recortar las siete primeras plumas largas de cada una de las alas denominadas “remeras” y todas las plumas de la cola o “timoneras”, además de las “piojeras” que son tres plumitas pequeñas que están situadas debajo de la base del ala de los reclamos, lugar elegido por los piojillos para depositar los huevos. Tampoco se debe olvidar cortar las tres plumillas que se encuentran situadas en la punta del ala, sobre las primeras plumas remeras y, que se les enganchan sobremanera, entre los alambres de la jaula, cada vez que el reclamo efectúe el más leve movimiento.
Recorte de las plumas de las alas y cola: "remeras", "timoneras", "piojeras" y las "tres plumillas" situadasen la punta del ala.