LA CAZA CON RECLAMO: UNA BUENA HERRAMIENTA DE GESTION por Manolo Romero

El éxito en la gestión de un terreno acotado depende de múltiples actuaciones y factores. Haciendo un repaso general a todas las acciones programadas, que llevamos a cabo para mantener la densidad de especies cinegéticas que habitan en nuestro coto, y en especial la perdiz roja, debemos seguir una serie de pautas, que creo es conveniente exponer.

En primer lugar sería importante que los vecinos, con los que compartimos linderos, sean partícipes y colaboradores de nuestras claras intenciones de mantener y, si cabe, de incrementar el censo poblacional de la perdiz salvaje que habita en aquella zona.

Este aspecto es importante resaltarlo, pues en el caso de que exista un exceso de depredadores en la zona, y existan zonas limítrofes sin control alguno que permitan el refugio y el albergue de muchos de ellos, trasladándose a la zona que mimamos y atendemos diariamente, en la cual encuentran su sustento diario, sería un aspecto negativo que influiría en la buena gestión que pretendemos realizar en nuestro acotado.

El control, con autorización administrativa y utilizando medios legales, que debemos ejercer sobre los depredadores existentes en la zona es de gran importancia, si queremos mantener una población cinegética aceptable.

Además del balance periódico que hacemos sobre la incidencia que produce la factura de la depredación, existen otras actuaciones dignas de mencionar que debemos tener también en cuenta.

La siembra anual de cereales que realizamos en distintos puntos, que han de servir de alimento, es también de gran importancia. De igual manera, la existencia de distintos puntos de agua, repartidos en zonas estratégicas del terreno, para saciar la acuciante sed que irremediablemente se produce en los meses estivales, será otra actuación determinante, que tendrá que ir anotada en nuestra programación anual de gestión.

Es conveniente la renovación del agua, de forma periódica, en aquellos lugares donde el suministro lo hayamos realizado de forma artificial. Debemos evitar, por todos los medios, que la infección del agua sea el vehículo transmisor de enfermedades a la población perdicera.

La presencia de eriales y rastrojeras en el coto permitirán la existencia de alimentos insectívoros, que serán parte del sustento vital en las primeras

semanas de vida de los bandos de perdices, que acudirán acompañados de los progenitores para deleitarse con pequeños saltamontes, y demás invertebrados, ricos en proteínas, tan necesarios en su desarrollo corporal.

De igual manera, es importante que existan linderos, zonas de ocultación y arbustivas que sirvan como posibles lugares donde la perdiz pueda ubicar su nido y valga, así mismo, de ocultación y refugio a los bandillos recién nacidos, sobre todo ante la depredación que realizan diariamente sus enemigos aéreos y terrestres.

Ciertamente, una buena gestión de un acotado nos reporta la enorme satisfacción de comprobar como la población cinegética, no sólo se mantiene, sino aumenta, dentro de unos límites razonables.

Pero existe un hecho significativo sobre la población perdicera de la zona, que suele darse con frecuencia. A pesar de todos nuestros desvelos y atenciones diarias comprobamos, como en algunos lugares donde sólo se practica la caza mayor, la densidad de la perdiz va decayendo, de forma alarmante, con el paso de los años.

Se da la circunstancia en algunos terrenos, donde solo se aprovecha la caza mayor, como existe una progresiva reducción en la población de la perdiz. Habría que buscar las causas de esa disminución de la densidad perdicera, empezando por resaltar el envejecimiento de la perdiz que allí habita y, por lo tanto, el escaso éxito reproductivo que tienen debido a la edad.

Efectivamente, una de las causas que llevan al descenso generalizado de perdiz en algunos cotos, es debido a las parejas infértiles que viven en ellos. Es conocido el comportamiento reproductivo de las hembras, con cierta edad, cuyas puestas decaen de forma alarmante. Es frecuente ver, en la época donde suelen verse bandos muy nutridos, a colleras solitarias que vagan por su territorio sin haber obtenido éxito alguno en su fase de reproducción.

También suelen verse bandillos con muy pocos miembros, que acompañan a sus progenitores. Las causas de estos mermados bandos habría que buscarla en el continuo ataque de los depredadores de la zona, al abandono del primer nido y la realización de una segunda postura con un menor número de huevos, a la climatología adversa que se ceba con los pollitos en los primeros días de su vida…

Pero también los motivos en este descenso generalizado, en el número de ejemplares que forman un bando, habría que buscarlos en el acoso

que sufren las parejas más jóvenes por parte de los machos más viejos, autoritarios, y con un mayor poder ofensivo, que no dan reposo a las parejas colindantes de su querencia.

Me refiero a colleras con muchos años, que ni crían… ni dejan criar. Suelen imponer su dominio, no dejando que la mayoría de las nidadas de las perdices más jóvenes obtengan éxito.

En algunos casos provocan el abandono de la puesta, que casi tenían finalizada, para buscarse un lugar algo más alejado de sus “viejos y camorristas vecinos”. En estos casos, una segunda puesta, más reducida en el número de huevos, es la consecuencia directa que trae consigo el abandono forzoso del lugar.

En algunos acotados, conocedores de este hecho, realizan los que se denomina una “clareo” de machos viejos y de parejas estériles, que solo acarrean un descenso progresivo de la densidad perdicera de la zona.

En este sistema la modalidad que se practica es la caza con reclamo, pues viene a ser una caza selectiva. Los machos viejos y dominadores de la zona son los primeros en acudir al reclamo, ya que acostumbrados a dominar a los de menor edad creen hacer lo propio con aquellos que, por sus cantos desconocidos, escuchan en su querencia.

En acotados con perdiz vieja, es muy extraño la entrada en plaza de algunos de los pocos pollos existentes en la zona, ya que en muchos casos les impiden hasta enviar respuestas sonoras a nuestro reclamo, dado el acoso al que son sometidos diariamente.

Es curioso comprobar, como utilizando esta caza selectiva para eliminar algunos de los más viejos del lugar, y con el paso de varias temporadas, se incrementa la presencia de bandos más nutridos que llevan al aumento de la densidad perdicera de la zona.

A partir de este momento es importante llevar a cabo, todos los años, una caza sostenible que permita mantener el estado poblacional con un balance positivo. Para ello dejaremos zonas de reserva, e incluso otras zonas sin cazar sin comprobamos que el número de colleras es el justo para conseguir los objetivos cinegéticos que nos hemos programado.

Manuel Romero Perea. Autor del libro: La caza de la perdiz con reclamo. Arte, Tradición, Embrujo y Pasión.